Viernes con ar-té

Dicen que cuando el tiempo se cansa de hacer lo que sólo él sabe hacer, se retira con los saharauis a tomar el té.

Allá, en el desierto más grande del mundo, en la Hamada, allí donde nadie pensó jamás que pudiera existir la vida, el tiempo se quita los zapatos, entra en las Jaimas, se sienta en el suelo y escucha, historias en hassanía envueltas en incienso, entre vaso y vaso de té.

Son tres, el primero, como la vida, amarga al empezar, camina despacito hasta el interior y enciende las ganas de más. El segundo enamora con su dulzor, calma la tristeza y alimenta la esperanza. El tercero llega suavemente, se desliza susurrando entre los labios y te lleva por encima de las nubes, hacia las estrellas.

El tiempo sabe sabe que allí él no vale nada, que ni sus segundos, sus minutos ni sus horas significan nada en el Sáhara, porque en el medio del desierto más grande del mundo, el ritmo lo marcan los vasos de té.

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